Hace un tiempo empecé un curso de dibujo online con la idea de distraerme, probar algo nuevo, y explorar un poco mi creatividad. Total, que me encontré un viernes por la tarde haciendo el primer ejercicio de curso. Era un ejercicio sencillo y una de las claves era no juzgar el dibujo hasta que no estuviese terminado. Pues me fue imposible no ir juzgando cada trazo quedaba. Me di cuenta de que mi nivel de autoexigencia era tal y ni siquiera haciendo algo por hobby podía acallar esa crítica interna que va juzgando constantemente todo lo que hago. Y no es que sólo lo juzgue, es que además está la vocecilla esa diciéndome: "pero mira lo mal que lo estás haciendo", "¿cómo se te puede dar tan mal esto?".

Evidentemente, yo ya sabía que era autoexigente, pero una parte de mí pensaba que sólo era autoexigente con el trabajo o con los estudios. Pero no, resulta que soy autoexigente, PUNTO. Y no hay ningún interruptor con el que pueda desconectar esa autoexigencia cuando simplemente quiero divertirme.

La parte buena de todo esto, es que ahí empecé a darme más cuenta del problema que tenía, y esa, amiga mía, es la clave para poder solucionar cualquier cosa. Porque mientras no somos conscientes de algo... no hay nada que solucionar.

Así que si te sientes reflejada en esto que acabo de contarte, sigue leyendo, en este artículo voy a compartir contigo 5 estrategias claves para acallar nuestra crítica interna.

Pero primero analicemos primero la razón de su existir.

Para qué nos sirve la autoexigencia

Toda emoción, pensamiento o patrón de comportamiento que tenemos, tiene, en un principio, una intención positiva. La intención positiva de la autoexigencia es ayudarnos a dar lo mejor de nosotras mismas. A querer hacer más y mejor. Y eso nos impulsa a avanzar, a aprender, a seguir evolucionando. A salir de la mediocridad. Y desde luego todo esto es algo digno de agradecer.

El problema es cuando no logramos encontrar el punto de autoexigencia justo y necesario, y nos pasamos. Ahí la autoexigencia expone su parte negativa. Hace que creamos que lo que hacemos nunca es suficiente. Entramos en una inercia en la que siempre hay que hacer más y más cosas. Y al final repercute en cómo nos vemos a nosotras mismas y qué valor nos damos. Es decir, acabamos pensando que no valemos suficiente y por eso tenemos que hacer más y más.

Las consecuencias: frustración, estrés, baja autoestima.

Cuando no consigues hacer la montaña de cosas que te has autoimpuesto, te sientes mal contigo misma, te sientes culpable y lo vives como un fracaso. Y para salir de ese malestar, lo único que se te ocurre es llenarte la agenda de más cosas que tienes que hacer, esperando que algún día, como por arte de magia, todo cambie y seas capaz de llegar ahí donde la perfección reside. Pero no te engañes, nosotras ponemos esos estándares de perfección siempre un poco más lejos de donde somos capaces de llegar.

Vivimos bajo la tiranía del "tengo que hacer" esto, "tengo que hacer" lo otro. Y todo tiene que estar bien hecho. Y lo peor es que nadie nos está exigiendo nada, somos nosotras mismas. Cierto que hay una circunstancia social y cultural que no nos ayuda, pero al final es responsabilidad nuestra.

Y para poder volver a vivir tranquilas, con buena autoestima y siendo capaz de disfrutar de las cosas que hacemos, tenemos que recuperar el equilibrio. Si te quedas corta no avanzas, si te pasas te quemas.

Los beneficios de dejar de caer en la trampa de la autoexigencia

Los beneficios de dejar de caer en la trampa de la autoexigencia son numerosos. Los más comunes:

  • Vivir más en el presente y poder disfrutar realmente de tu tiempo libre.
  • Dejar de estar tan estresada.
  • Tener mejor concepto de ti misma, mejor autoestima.
  • Eliminar sentimiento de culpabilidad y frustración.

Te animo a pensar qué beneficios sacarías tú, en qué mejoraría tu vida, tu estado de ánimo, tus relaciones, etc.

Y a continuación te comparto las 5 estrategias que mejor me funcionan.

1. Cambiar el "tengo que" por el "quiero"

Es importante cómo nos hablamos a nosotras mismas. Date cuenta de que la mayoría de cosas que tienes que hacer realmente te las has impuesto tu solita, puedes escoger hacerlo de otra manera o pedir ayuda. Igual son cosas que realmente quieres hacer, pero sigues pensando y diciendo "tengo que" hacer. El simple hecho de cambiar el verbo "tener" por "querer" ya le da otra perspectiva distinta al asunto. Ya no es algo impuesto, es una elección. Lo haces desde la libertad, y ya no tienes porque hacerlo perfecto.

2. Revisa tus prioridades

¿Estás haciendo de más? ¿hay cosas que no estás priorizando? ¿como tu salud, tu alimentación o tu descanso, tus hobbies, o pasar tiempo con tus amigos? ¿realmente todo eso que tienes que hacer es tan importante?

Aprende a diferenciar lo importante de lo urgente, y céntrate en lo que realmente es importante. De todas las otras cosas, igual no necesitas hacer el 100%, y quizás puedes pedir ayuda o delegar en otras personas.

3. Haz de tu cuidado una prioridad

Incluye en los "tengo que", el "tengo que cuidarme". No porque tengas que hacerlo, sino porque lo necesitas. Sé consciente de que necesitas tiempo de no hacer nada "importante", de tener tiempo para ti mima. Para respirar, para conectarte, para coger aire, para recuperarte, para volver con más fuerza. Cuando detectes que vuelves a pensar en todo lo que tienes que hacer, para un momento y pregúntate: pero, ¿qué necesito?

4. Deja de querer controlarlo todo

No se puede controlar todo, y el querer estar en todo solo hace que estresarte. Sé que es difícil, y al principio hay que esforzarse un poco. Cultivar el desapego y la confianza. Desapego de cómo van a salir las cosas y confianza para ver las cosas más positivamente, esperando que salgan bien, aunque no las podamos controlar. Empieza por cosas pequeñas, como dejar que otro se encargue de alguna tarea menor y simplemente confiar en que saldrá todo bien.

5. Cuestionate tus estándares

¿Por qué crees que tienes que hacer las cosas de tal o cual manera? ¿Para qué quieres que esté todo perfecto? ¿Para qué necesitas hacerlo todo tú sola? o ¿Por qué no te puedes permitir no hacer algo o hacerlo peor?

Indaga en todas esas creencias que tienes que están reforzando tu autoexigencia. Y una vez las descubras, cuestiónalas. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Qué pasaría si fuera de otra manera?

Conclusión sobre la autoexigencia

La autoexigencia es un patrón que seguramente tienes instalado desde hace mucho tiempo. No te culpes por ello, nos ha pasado y nos pasa a muchas. Afortunadamente se puede revertir. Solo hace falta que te comprometas a escucharte más a ti misma y a empezar a tomar acciones que vayan más alineadas con lo que realmente quieres y necesitas. Requiere un poco de esfuerzo por tu parte, pero una vez que empieces a ver la realidad de lo que te estabas exigiendo, y lo bien que sienta soltar todos esos lastres, te será más fácil y vivirás más tranquila.

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